La Patria socialista no se ve por ningún lado; la muerte sí: se siente, se palpa, huele a podrido. No hay Patria cuando se derrumba el gentilicio, la historia, los símbolos, lo que fuimos y, sobre todo, cuando se hunden las bases de lo que podemos ser, los cimientos sobre los cuales refundar la sociedad que queremos, el Estado que necesitamos.
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