No hay fuerza de la naturaleza que pueda detener su derrumbe. Ya se ve humilde y cabizbajo en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Ya sabe lo que le espera y grita, para darse ánimos como el cobarde que silva en medio de la oscuridad: ¡NO PASARÁN!
¡Yo te aviso, Chirulí!
Le sucede a Hugo Chávez lo que a todos los caudillos de los regímenes a punto de caramelo:
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