Franklin Brito murió de inhumanidad; lo mató la insensibilidad. No pedía nada extraordinario sino un poco de atención y de respuesta para sus modestos requerimientos. No era un político ni una figura pública de otro orden, cuya huelga de hambre hubiera podido movilizar a la opinión pública. Era apenas un venezolano del común, un pequeño agricultor que decidió jugarse la vida en nombre
0 Comments