La pandilla de Hugo Chávez y Elias Jaua entró gozosa a La Carolina, la propiedad de Diego Arria, y varios de sus hampones se tendieron en las camas, comentando que el comandante pudiera disfrutar del sitio personalmente. Las vacas, según Jaua, estaban al borde la muerte y era necesario que la revolución tomara las riendas de la
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